Ateneo de Combarro: Carmela, Charo, Anita, Nuria y Peke. (También jugaron Kiko, Genucha, Niu).
Unami: Raquel, Vane, Guti, Laura LLorente y Patri. (También jugaron Lau, María, Tamara, Cris, Martita, Sofi, May).
Goles: 0-1 (min 23) Laura Llorente; 1-1 (min 23) Charo; 2-1 (min 24) Anita.
Unami: Raquel, Vane, Guti, Laura LLorente y Patri. (También jugaron Lau, María, Tamara, Cris, Martita, Sofi, May).
Goles: 0-1 (min 23) Laura Llorente; 1-1 (min 23) Charo; 2-1 (min 24) Anita.
Es impertinente el calendario de vez en cuando; impertinente y un pelín imparcial. No puede ser objetivo que un partido de un equipo gallego, a no ser que le enfrente a otro de su mismo origen, se juegue en tierra de meigas justo la tarde de la noche de brujas. Y que, para más inri, se dispute cuando ya ha anochecido; esto deja a las brujas campando a sus anchas a escondidas -y por lo tanto a la suerte del lado local-, y al conjunto visitante encomendándose a todos los santos... pero... ¿cuántos lo fueron por mártires?
A veces el sacrificio llevado hasta el extremo provoca la muerte ovacionada; la aureola, el titular sobre la maltrecha heroica que reza: “El Unami jugó uno de sus mejores partidos en la División de Plata ante uno de los rivales más difíciles del grupo, el Ateneo Combarro, pero terminó perdiendo 2-1”. Y eso a pesar de empezar ganándolo en todos los aspectos posibles; desde la defensa y el ataque, hasta el marcador.
En los primeros veinte minutos, las azules salieron a la cancha como quien nunca ha escuchado la palabra “Halloween”, o lo que el sábado tenía el mismo significado: “equipo gallego”, donde los cuerpos atléticos dan tanto miedo como los colmillos afilados de las máscaras. Las chicas de Javier Martín Pena salieron con tanto ímpetu en la presión, que las gallegas, viendo cómo las segovianas robaban continuamente balones en primera línea y atacaban con rápidas triangulaciones entre líneas de Guti, Laura Llorente y Patri, pronto desearon que las meigas comenzasen la noche de brujas reuniéndose en el pabellón de Poio.
Se cumplía el minuto 7 y las visitantes habían avisado, primero por medio de Raquel, que en un despeje estuvo a punto de sorprender a su homóloga, luego por Guti, que tras un regate perdió el ángulo justo para acabar mandando el disparo al lateral de la red de Carmela, y más tarde con un tiro lejano de Laura Llorente, de que podían temerse un truco, pero que, desde luego, no iban a aceptar el trato. No habían hecho un viaje de cerca de 8 horas para dejar que el nombre y la casa del rival bastasen para hacerles salir corriendo.
En un partido en el que al final lo que más miedo y sustos dio fue el ambiente, la humedad condensada en el suelo, que provocó innumerables caídas, el frío del hielo sobre la muñeca de Guti, e incluso la lesión de Nuria, una de las más peligrosas del Combarro, las azules solo tuvieron tres minutos en todo el partido, del 8 al 11, en los que les temblaron los huesos, la estructura por completo, y en los que Charo dispuso de varias ocasiones al contragolpe, que unas veces desaprovechó y otras repelieron las manos de Raquel. Una vez pasado este tiempo de entrada en calor y de acaloramiento para las jugadoras segovianas que iban tomando parte en el juego, el Unami volvió a rehacerse de manera gradual, y a falta de entre dos y tres minutos para el descanso, May y Sofi estuvieron a punto de conseguir el caramelo que las azules habían merecido al llamar insistentemente a la puerta de Carmela. Mientras la ‘12’ de las visitantes cruzó en exceso su disparo, a la ‘10’ el silbato del árbitro, no dejando seguir una falta sobre May, le privó de quedarse sola contra la portera del Combarro. Por su parte, las locales, por medio de Charo y de Peke pudieron abrir el marcador en el último minuto, pero, se supone, las meigas no habían acudido puntuales a la cita.
Debieron llegar justo tras el descanso, cerca del minuto 23, y mientras tomaban asiento, cuidando que nadie las viese, presenciaron, primero una oportunidad de Patri en la que Carmela estuvo atenta y logró anticiparse a la pívot del Unami, y luego la trastada de Laura Llorente, que demostró que la pillería, para algunas cosas, no la da la infancia, sino los años, y como el niño que estampa un huevo en la ventana después de que le hayan abierto la puerta y se hayan negado a darle un dulce, la ‘brasileña’ del Unami provocó una falta junto a la banda, no pidió pasos y aprovechó la distracción local para pasar a Patri, colocada cerca de la línea de fondo, que reaccionó a tiempo para devolverle el balón a Laura, quien ya se había colado hasta la cocina para hacer el 0-1.
Entonces las brujas decidieron que lo mejor, visto el panorama, era actuar de forma efectiva lo antes posible y, conscientes de que la pócima estaba en los balones parados, provocaron dos ocasiones de estrategia para las locales, que las visitantes no supieron defender. Así, primero tras una falta y, menos de un minuto después, tras un córner, Charo y Anita habían instalado el 2-1 final en el marcador. En el banquillo visitante se lanzaban miradas al cielo que pedían una explicación, quizás, a Santa Rita. De nada le sirvió al Unami, en medio de una guerra de demostración de potencia en los últimos minutos, ni el pase de Guti que, en un acto de brujería, la mano de Carmela evitó ser rematado por María; ni el palo de Tamara tras una jugada de Martita –hay que decir que Peke también tuvo su ración de cruceta-; ni siquiera el portero jugador que, a falta de 3:40 y con Sofi, tan bien desarrollaron las chicas de Martín Pena, logrando dos claras ocasiones que la portera local desbarató.
A veces el sacrificio llevado hasta el extremo provoca la muerte ovacionada; la aureola, el titular sobre la maltrecha heroica que reza: “El Unami jugó uno de sus mejores partidos en la División de Plata ante uno de los rivales más difíciles del grupo, el Ateneo Combarro, pero terminó perdiendo 2-1”. Y eso a pesar de empezar ganándolo en todos los aspectos posibles; desde la defensa y el ataque, hasta el marcador.
En los primeros veinte minutos, las azules salieron a la cancha como quien nunca ha escuchado la palabra “Halloween”, o lo que el sábado tenía el mismo significado: “equipo gallego”, donde los cuerpos atléticos dan tanto miedo como los colmillos afilados de las máscaras. Las chicas de Javier Martín Pena salieron con tanto ímpetu en la presión, que las gallegas, viendo cómo las segovianas robaban continuamente balones en primera línea y atacaban con rápidas triangulaciones entre líneas de Guti, Laura Llorente y Patri, pronto desearon que las meigas comenzasen la noche de brujas reuniéndose en el pabellón de Poio.

Se cumplía el minuto 7 y las visitantes habían avisado, primero por medio de Raquel, que en un despeje estuvo a punto de sorprender a su homóloga, luego por Guti, que tras un regate perdió el ángulo justo para acabar mandando el disparo al lateral de la red de Carmela, y más tarde con un tiro lejano de Laura Llorente, de que podían temerse un truco, pero que, desde luego, no iban a aceptar el trato. No habían hecho un viaje de cerca de 8 horas para dejar que el nombre y la casa del rival bastasen para hacerles salir corriendo.
En un partido en el que al final lo que más miedo y sustos dio fue el ambiente, la humedad condensada en el suelo, que provocó innumerables caídas, el frío del hielo sobre la muñeca de Guti, e incluso la lesión de Nuria, una de las más peligrosas del Combarro, las azules solo tuvieron tres minutos en todo el partido, del 8 al 11, en los que les temblaron los huesos, la estructura por completo, y en los que Charo dispuso de varias ocasiones al contragolpe, que unas veces desaprovechó y otras repelieron las manos de Raquel. Una vez pasado este tiempo de entrada en calor y de acaloramiento para las jugadoras segovianas que iban tomando parte en el juego, el Unami volvió a rehacerse de manera gradual, y a falta de entre dos y tres minutos para el descanso, May y Sofi estuvieron a punto de conseguir el caramelo que las azules habían merecido al llamar insistentemente a la puerta de Carmela. Mientras la ‘12’ de las visitantes cruzó en exceso su disparo, a la ‘10’ el silbato del árbitro, no dejando seguir una falta sobre May, le privó de quedarse sola contra la portera del Combarro. Por su parte, las locales, por medio de Charo y de Peke pudieron abrir el marcador en el último minuto, pero, se supone, las meigas no habían acudido puntuales a la cita.
Debieron llegar justo tras el descanso, cerca del minuto 23, y mientras tomaban asiento, cuidando que nadie las viese, presenciaron, primero una oportunidad de Patri en la que Carmela estuvo atenta y logró anticiparse a la pívot del Unami, y luego la trastada de Laura Llorente, que demostró que la pillería, para algunas cosas, no la da la infancia, sino los años, y como el niño que estampa un huevo en la ventana después de que le hayan abierto la puerta y se hayan negado a darle un dulce, la ‘brasileña’ del Unami provocó una falta junto a la banda, no pidió pasos y aprovechó la distracción local para pasar a Patri, colocada cerca de la línea de fondo, que reaccionó a tiempo para devolverle el balón a Laura, quien ya se había colado hasta la cocina para hacer el 0-1.
Entonces las brujas decidieron que lo mejor, visto el panorama, era actuar de forma efectiva lo antes posible y, conscientes de que la pócima estaba en los balones parados, provocaron dos ocasiones de estrategia para las locales, que las visitantes no supieron defender. Así, primero tras una falta y, menos de un minuto después, tras un córner, Charo y Anita habían instalado el 2-1 final en el marcador. En el banquillo visitante se lanzaban miradas al cielo que pedían una explicación, quizás, a Santa Rita. De nada le sirvió al Unami, en medio de una guerra de demostración de potencia en los últimos minutos, ni el pase de Guti que, en un acto de brujería, la mano de Carmela evitó ser rematado por María; ni el palo de Tamara tras una jugada de Martita –hay que decir que Peke también tuvo su ración de cruceta-; ni siquiera el portero jugador que, a falta de 3:40 y con Sofi, tan bien desarrollaron las chicas de Martín Pena, logrando dos claras ocasiones que la portera local desbarató.
Las brujas ya habían hecho su trabajo y se habían marchado, pero por si acaso, les habían dejado a los árbitros un par de escobas. Faltaban dos minutos, Laura Llorente se había ido de dos rivales, encaraba a la tercera y caía al suelo a la par que enviaba un pase a una compañera, sola en la banda derecha, pero el árbitro, primero usando su herramienta de trabajo y después la de las meigas, pitó la falta no dejando seguir la jugada y barriendo para casa; cosas de brujas... o cosas que pasan.
nota: Foto de archivo de Juan Martín de El Adelantado de Segovia.



